1280 almas

Jim Thompson



El pueblo es pequeño —1.280 habitantes— pero la corrupción grande.
 
«Yo sólo soy un sheriff del sur» declara Nick Corey, un tipo en apariencia lerdo y vago que no soporta a su mujer ni a su cuñado, cuya máxima es que sólo se detiene a un individuo cuando no hay más remedio, y eso siempre que sea un don nadie. 
 
Todos en Potts County —un lugar imaginario en la América profunda, con una población de 1.280 habitantes— están convencidos de su apatía y su simplicidad. Pero pronto el lector se dará cuenta de lo astuto que es Corey. 
 
A la sordidez que marca la carrera política de Corey, se une el paralelo horror de su vida privada: su mujer, un cuñado subnormal, su amante, a los que no vacilará en utilizar, enfrentando unos a otros hasta la destrucción final. 
 
Su deseo de ser reelegido para el cargo de sheriff hace que su comportamiento no tenga límites ni conozca escrúpulos. 
 
Poco a poco, la idea de deshacerse de todos aquellos que se interpongan en su camino va tomando cuerpo. 
 
El protagonista expone en primera persona los hechos sin inmutarse, pues en su paranoia llega a creerse elegido para limpiar de escoria el lugar.


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