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España, centro del mundo 1519-1682

Robert Goodwin



Hace cuatrocientos años, España era el centro del mayor imperio de la historia. Sus dominios —las recompensas de una audaz aventura en las Américas y en las Indias Orientales y el fruto de la herencia real en Europa— se extendían desde los Países Bajos, Bohemia, Alemania e Italia a través de los océanos, hasta México, Perú y California en una dirección, y a través del Mar del Sur hasta Filipinas.

Los españoles viajaron por el mundo al servicio de su rey y no pocos extranjeros se sintieron atraídos a su vez por España y su corte. 
 
Fue una época de colisión entre lo viejo y lo nuevo, de descubrimientos intelectuales y espirituales, de grandes experimentos políticos y sociales que culminaron en el Siglo de Oro, gracias a una repentina riqueza que allanó el camino de una extraordinaria expansión cultural.

Esta es la historia de esa época a través de los hombres y mujeres que la protagonizaron: los reyes —desde el emperador Carlos V hasta Felipe IV—, los burócratas y los banqueros, los soldados y los sacerdotes que hicieron a España rica y poderosa; y los artistas, dramaturgos, poetas y mecenas que contribuyeron a que resplandeciera. 
 
El gran acierto del hispanista inglés Robert Goodwin consiste en contar la historia humana del primer imperio planetario a través de un brillante elenco de personajes, situándolos en su vibrante contexto histórico y artístico, dándoles vida en todo su esplendor y sus contradicciones.


La conquista espiritual de México

Robert Ricard



Uno de los fenómenos más notables de la Conquista fue la cristianización de los numerosos grupos indígenas que habitaban los territorios del México pre-hispánico. Realizada en el periodo de 1523 a 1572, la conquista espiritual no sólo tuvo como fin la conversión de los individuos, sino también, explica Robert Ricard, “el establecimiento de una Iglesia visible, con todos los órganos e instituciones que implica”.
 
 El autor estudia a profundidad los métodos que las órdenes mendicantes emplearon para conseguir ambos objetivos, y establece sus conclusiones sobre los problemas enfrentados por la evangelización primitiva, como la resistencia indígena y las dificultades surgidas dentro de las órdenes mismas.

La conquista espiritual de México, presentada en 1933 como tesis de doctorado en la Sorbona, fue resultado de la exhaustiva investigación que Robert Ricard llevó a cabo entre 1922 y 1932 en diversos archivos peninsulares y, sobre todo, directamente en México. Desde su publicación, esta obra ha sido punto de partida para numerosas investigaciones y se ha convertido en una obra fundamental de la historiografía de la Nueva España.
 


Descolonizar la mente

Ngũgĩ wa Thiong’o



Un compendio de los temas centrales de la obra del autor: la confrontación entre el neocolonialismo y la clase trabajadora, y su reflejo en la cultura africana.

Descolonizar la mente es una referencia ineludible en el debate lingüístico que tiene lugar en el marco de los estudios poscoloniales. Reúne cuatro conferencias que el autor realizó entre 1981 y 1985, cuyo hilo conductor no es solo una reflexión sobre el papel de la lengua en la construcción de la identidad nacional, cultural, social e histórica, y su función en la descolonización, sino también sobre los acontecimientos vitales que han contribuido a elaborar el pensamiento del autor. 
 
En última instancia, Ngugi wa Thiong'o -escritor, pensador, humanista y exiliado- concibe este libro como una declaración de intenciones: en la medida en que la lengua materna es un aspecto crucial de la propia identidad, cree necesario despedirse del inglés y utilizar el kikuyu como su principal lengua de creación.


Desplazar el centro

Ngũgĩ wa Thiong’o



Durante los últimos cuatrocientos años, las culturas del mundo han sido dominadas por un conjunto de estados occidentales, que han llegado a verse a sí mismos como el centro del universo, un centro desde el cual han controlado, además del poder económico y político, el poder cultural. 
 
Uno de los efectos más devastadores de este dominio ha sido la aniquilación y la represión de las culturas africanas. 
 
Con la cultura al servicio del pueblo debilitada y dividida, la lucha del campesinado y del proletariado por los derechos humanos fundamentales y por la redistribución de la riqueza es más difícil. 
 
En este libro, wa Thiong’o se preocupa de «desplazar» este centro en dos sentidos para liberar no solamente las culturas africanas, sino las de todo el mundo: internacionalmente hay que desplazarlo desde Occidente hacia el resto de esferas culturales, y nacionalmente hay que apartarlo de las minorías de poder y llevarlo hacia el auténtico centro creativo, las clases trabajadoras, en condiciones de igualdad racial, religiosa y de género.


Maquiavelo

Louis Gautier-Vignal

 

Si el pensamiento de Maquiavelo despierta, desde hace varios siglos, un interés tan grande, es porque trata esencialmente de los problemas del poder, y porque todo lo que se relaciona con el poder apasiona no sólo a quienes lo ejercen o sueñan con ejercerlo, sino también a las multitudes. 
 
No hay por qué asombrarse, puesto que las condiciones de la existencia de los habitantes de un país dependen de la manera como éste es gobernado. ¿Cuál es la mejor forma de gobierno? ¿Vale más, para la prosperidad del Estado y la dicha de los ciudadanos, que el poder esté en manos de varios, o de uno solo? ¿Qué medios deben emplear los hombres para llegar al poder, para conservarlo y para asegurar la continuidad del Estado? 
 
Maquiavelo no respondió formalmente a estas preguntas, pero constituyen el tema de sus dos principales obras: El príncipe y los Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Trató estas cuestiones fundándose en su conocimiento de la historia antigua y con la experiencia que había adquirido en los acontecimientos de su tiempo, durante los años en que desempeñó importantes funciones en la cancillería florentina, y sobre todo, en el curso de sus numerosas misiones en la península y más allá de los Alpes.



El manuscrito Voynich

Marcelo Dos Santos 

 
 
El Manuscrito Voynich representa el mayor y más desconcertante acertijo literario de la historia. 
 
Se trata del único manuscrito medieval no descifrado que queda en el planeta. 
 
Está escrito en un código incomprensible, cuya clave no ha podido ser descubierta ni siquiera por los criptógrafos militares que rompieron los códigos alemanes y japoneses en la Segunda Guerra Mundial. 
 
Sus páginas están cubiertas de ilustraciones de mujeres desnudas, plantas inexistentes y constelaciones desconocidas para la astronomía. Analizado ya en el Renacimiento, el extraño libro cifrado desapareció durante siglos hasta ser redescubierto a principios del siglo XX. 
 
Se han aplicado con él todas las técnicas posibles a fin de arrancarle sus secretos, pero el Manuscrito Voynich aparenta ser inmune a los esfuerzos de los estudiosos.


Cartas de relación

Hernán Cortés 

 

La figura de Hernán Cortés y su gran empresa, la conquista de México, son acciones históricas envueltas, de raíz, en la polémica de su propia realidad. 
 
Esa polémica tiene tres puntos destacados: el de su contenido, que se refleja en la realidad de la época; el de su contraste con el mundo indígena mexicano y, sobre todo, en la diferencia de la respectiva identidad cultural; finalmente, la discusión historiográfica iniciada desde que Bernal Díaz del Castillo consideró oportuno y necesario escribir su Verdadera Historia —cuyo título ya suponía un considerable desafío respecto a la idea de la fama cortesiana— ante las opiniones expuestas en su obra por el historiador, y capellán de Cortés, López de Gomara.

Resultado de todo ello ha sido que, en la personalidad y la actuación histórica de Cortés, se ha destacado más lo accesorio que lo fundamental; en muchas ocasiones, se ha dado mayor realce a lo trivial que a lo verdaderamente decisivo.


La gran Tenochtitlán

Hernán Cortés 

 
 
En las Cartas de relación, Hernán Cortés informaba al emperador Carlos V sobre los descubrimientos en el nuevo continente y los grandes sucesos de la Conquista. Extraído de dichas epístolas, en el relato La gran Tenochtitlán, Cortés describe sus primeras impresiones respecto al encuentro con una de las más destacadas civilizaciones indígenas: la ciudad de Tenochtitlán, el transcurrir de la vida en una ciudad lacustre, la hermosa arquitectura de sus templos y la enorme riqueza natural de los alrededores.

El doctor Ernesto de la Torre Villar subraya las virtudes de esta misiva escrita por Cortés: «La descripción que nos hace de la gran Tenuxtitlan representa el primer gran retrato de una ciudad maravillosa que conmovió la mente entusiasmada y asombrada de los europeos. 
 
Prodigiosa imagen de la ciudad asentada en los lagos, con una majestad y grandeza excepcionales. Tal es el valor de este relato, el primero que conocemos, el más palpitante y vivo».


Cartas de la conquista de México

Hernán Cortés 

 
  
Criticado por unos, ensalzado como un gran héroe por otros, Hernán Cortés sigue siendo, a pesar de las opiniones más o menos subjetivas, uno de los grandes protagonistas del descubrimiento y exploración de América. 
 
Si bien es cierto que cruzó el Atlántico movido más por la ambición que por los ideales, y que fue para el pueblo azteca un guerrero sangriento y despiadado, también lo es que su gesta permitió a la Europa del siglo XVI conocer una cultura diferente, unas tierras desconocidas hasta entonces, riquezas insospechadas y tradiciones milenarias. 
 
Fruto de sus andanzas por tierras americanas son las Cartas enviadas por él a sus reyes, en las que relataba —lógicamente desde su punto de vista, parcial y subjetivo— sus aventuras en tierra azteca. 
 
Escritas con un estilo fácil y vivaz, que le convierte en uno de los principales cronistas de la epopeya americana, resultan decisivas para conocer paso a paso su llegada al Nuevo Mundo y su descubrimiento de una nueva civilización, tan fascinante, rica y diferente a la europea como la egipcia o la inca: la azteca. 
 
Además de para conocer la aventura de Cortés, la obra cuenta con un estimable valor literario.


En la hoguera bolchevique

Sir Paul Dukes 


Gran Bretaña vio como Rusia, al comienzo de la Revolución Bolchevique (Terror Rojo), expulsaba a sus espías y diplomáticos destacados en el país. 
 
A causa de la rapidez con que se desarrollaron los acontecimientos, los servicios de espionaje de Gran Bretaña, habían quedado en manos de un empresario británico sin experiencia previa como agente secreto. 
 
Paul Dukes fue enviado a Rusia en 1918, poco después de la revolución bolchevique, por «C» (el misterioso jefe del servicio secreto británico). Su misión: unir y reorganizar las redes del espionaje británico que operaban contra el nuevo régimen.

Dukes, maestro del disfraz, adoptó numerosas identidades para desarrollar sus misiones, la más atrevida fue la de miembro de la policía secreta de la Cheka. 
 
Al regreso de Dukes a Gran Bretaña, el gobierno publicó su relato del terror bolchevique para justificar una invasión militar conjunta del norte de Rusia por los ejércitos de EE. UU. y del Reino Unido.

Este es el relato novelado de lo acontecido que Sir Paul Dukes escribió para su gobierno.


Querido Billy

Larry McMurtry


En Querido Billy Larry McMurtry no recrea la historia sino la leyenda de Billy «el Niño». Y la leyenda es leyenda. 
 
Los datos biográficos o pseudobiográficos que la tradicional epopeya americana ha perpetuado y que todo aficionado al «western» clásico conoce, aquí no cuentan. Billy no se apellida Bonney, sino Bone; no hay un Pat Garrett que le dé muerte en Fort Sumner; no hay una guerra ganadera en el condado de Lincoln (donde se supone que «el Niño» auténtico ganó su efímera fama de asesino), y si hay un ranchero millonario no se apellida Chisum, sino Isinglass, y forma parte de la galería de fantásticos y esperpénticos personajes con que Larry McMurtry ha poblado su novela. 
 
Pese a todo ello, para el lector de hoy esta sarcástica anti-historia, nihilista, salvaje, a veces cruel, puede ser de hecho la historia profunda, humana, auténtica, la que únicamente el mito es capaz de desvelar.


Ecos de Paris

José Maria Eça de Queirós

 
Además de ser uno de los mejores novelistas europeos, Eça de Queirós escribió, durante los años en que ejerció de cónsul, algunas de las más atractivas crónicas de la historia del periodismo. 
 
Ecos de París reúne escritos que envió regularmente al periódico brasileño Gazeta de Noticias, donde también colaboraron Machado de Assis, Oliveira Martins y Ramalho Ortigão. 
 
Desde la sátira costumbrista, dibuja el panorama político, científico, artístico y social de aquel París de finales del siglo XIX definitivamente perdido, aunque,por su lucidez e ingenio literarios, estos ecos se nos antojan rabiosamente actuales.

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