El deseo de los accidentes

Rafaelo Caunedo

 

El matrimonio de Blanca, policía antidisturbios, y Alberto, profesor de Historia en un instituto, no pasa por su mejor momento a pesar de que acaban de ser padres. 
Después de su baja maternal, Blanca vuelve al trabajo, pero nada es como antes: siente que ya no está en forma y no puede dejar de pensar en su pequeña. 
El primer día la envían a cubrir la seguridad de un partido de la Champions, pero el fallo en el tiro de una bala de goma en una de las cargas policiales provocará que esa noche acabe de manera trágica. 
Este fatídico accidente supondrá el descenso a los infiernos de Blanca, que entrará en una espiral de destrucción con consecuencias devastadoras. 
Con una sensibilidad extraordinaria para transmitirnos las emociones de unos personajes totalmente humanos, este «thriller» psicológico con tintes de «domestic noir» nos habla sobre el lado más oscuro del matrimonio, los conflictos de la maternidad, las consecuencias de seguir nuestros instintos y la obsesión por la búsqueda de la verdad.

1 comentario:

  1. Muy difícil catalogar El deseo de los accidentes, una novela con toques de thriller psicológico, novela actual y novela negra, aunque probablemente sea lo de la novela negra su carácter predominante.
    Una novela que arranca con el accidente de una mujer que pierde el ojo por culpa de un pelotazo de goma (una escena muy impactante). Accidente, sí. Ella estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado y el rebote casual de una pelota de goma la alcanza fatalmente en el ojo.
    Mala suerte. Como mala suerte es que el disparo haya sido realizado por una mujer que acaba de incorporarse de su baja maternal en su primer día de trabajo.

    Nuestra vida es un puro accidente, desde el mismo momento de nuestra concepción. Otra cosa es cómo enfrentemos esos accidentes que tarde o temprano van cruzándose en nuestra vida. De eso es de lo que va El deseo de los accidentes, de cómo afrontan los diferentes personajes esos accidentes que tienen lugar en su vida: la pérdida de un ojo, ser responsable de un accidente, enamorarse de una mujer cuando tu matrimonio está en crisis…

    Por encima de todos está el personaje de Blanca, un personaje muy distinto. Para empezar, ella es una de las pocas mujeres que trabaja en la Unidad de Intervención Policial de Madrid, que dicho así suena muy bonito, pero que en la práctica no dejan de ser más que lo que popularmente conocemos como “los antidisturbios”. ¿Conocéis alguna novela protagonizada por una antidisturbios? Porque para mí esta es la primera.
    De su mano comenzaremos un descenso a los infiernos de una depresión que va mucho más allá de una depresión postparto. Una depresión que provoca que la psicóloga de la policía la dé la baja, lo cual lejos de ayudarla, la hace hundirse más, porque lo único que quiere es recuperar su puesto de trabajo. Pero claro, en un puesto tan especial como el suyo, su depresión es un peligro no solo para sí misma, sino para sus compañeros.
    Junto a Blanca tenemos a su marido Alberto, un profesor de historia que pese a llevar solo diez años como profesor ya está muy quemado y lo que realmente desea es escribir, algo que hace en sus ratos libres, sin que su mujer lo sepa. Hasta que consigue terminar su novela: A degüello.
    Blanca es un personaje con el que es muy difícil, por no decir imposible empatizar. Pero eso no es en ningún momento un obstáculo para no engancharte a su caída en picado.
    ¿Cómo vas a empatizar con ella si sus propios compañeros, aquellos que la recibieron el primer día de su vuelta al trabajo con mucha efusividad y cariño poco a poco la van dejando a un lado? Hasta su mejor amigo en la unidad (amigo, sin ninguna historia de amor por medio) termina apartándose de ella porque se ha convertido en una mujer tóxica para todos los que la rodean.
    Tampoco empaticé con el resto de los personajes, no porque no estén bien trazados, muy al contrario, sino porque no comparto su modo de ir por la vida. Pero insisto, nada de ello es óbice para no enamorarme de esta historia.
    Una novela que tiene un par de giros sorprendentes y que tiene uno de esos finales a los que no puedo parar de dar vueltas en la cabeza.
    Todo ello unido hacen que El deseo de los accidentes sea una novela que os recomiendo muy mucho.

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